Conocés bien esta sala
a J.
Conocés bien este patio
de paredes blanqueados a la cal
el piso de cerámicas
italianas color tejas
el termo tanque en un
rincón
el canapé de estampado
vacuno blanco con manchas marrones
con respaldo de cama Luis
XV que fabricó nuestro hijo
el zorzal sobre la rama del
otro lado del muro
que anuncia el alba
la mesa redonda de jardín
de hierro y vidrio
donde ahora leo y escribo.
Sí, es así ahora.
Conocés bien esta sala de
generosas dimensiones
los sofás, él de Livia,
marrón y el esquinero blanco de cuatro cuerpos
el mueble angosto y alto en
un rincón y las sillas
que buscaste una por una en
las casas de anticuarios
el samovar y la máquina de
coser Singer
la escultura de nuestra hija
está cual mascaro de proa del buffet
sobre las paredes los
cuadros pintados por tu madre
el silencio y tu música la barroca
y la clásica
y tu sillón berger rojo
donde ahora leo y escribo
Sí, es así ahora.
Conocés bien este
entrepiso
el futón donde descansabas
las bibliotecas del
consultorio de tu padre
a dos posos de la
rambla de Pocitos
tu escritorio de vidrio posado
sobre caballetes
lo acoplé con el otro de
roble y alineé sobre ambos los libros de cuentos
ahí ahora leo en e-book y
escribo en la notebook
Sí, es así ahora.
Conocés bien este cuarto
tenías el diván y tu sillón
de analista.
Tu biblioteca, las fotos de
Freud y Lacan
mirá, están todavía, y
sigue pegada en la pared
la foto de la escultura de piedra de
Pujía de una bella mujer desnuda
“Homenaje a la Eterna
mujer”
ahora están tu sillón de
analista
donde ahora leo y escribo,
donde ahora leo y escribo,
Sí, es así ahora.

Supongo que debe ser muy bueno para vos poder hablar de todos esos recuerdos, aunque doloroso, será también sanador
ResponderEliminarGracias, este lugar era el paraiso para ella. Saludos. André Le Gal
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