9/26/2012

el lapacho más viejo


Floreció el lapacho. En su parque pequeño su vestido rosa. Una reja negra y alta montada sobre una pared baja de cemento, sucia, lo cobijan.  Al pie de su tronco, un césped cortado corto, vacío, triste. Dos bancos de piedra, distantes uno del otro, vacíos, tristes. Solo uno. Solo el otro.
Pero el lapacho floreció. El lapacho viejo remendó su vestido . Todo de  rosa vestido está. Unos metros alejado de la ochava del edificio le da el sol de este mediodía, tomó el agua de lluvia de la noche de ayer.

Floreció el lapacho. Es el más viejo de mi ciudad. No el primero. No el único, hay muchos. Es el más viejo. El año pasado le costó vestirse de rosa. No pudo. Daba pena con su vestido.
 El lapacho floreció. La primavera fresca, soleada, festeja  Se lo ve de lejos viniendo por Figuero Alcorta. . Se eleva encima de la reja. Cruza la vereda hasta el borde. Levanta alto sus ramas cubiertas de su vestido rosa. Es ahora. Un año más para el viejo lapacho, y yo.

Floreció el lapacho. Los coches salen despacio de la estación de servicio para miran su vestido rosa. El semáforo está en rojo del otro lado, en la rotonda de  Ramón Castillo. El coche se detiene. La joven al volante habla por su celular. Habla de amor y mira el vestido rosa.
Floreció el lapacho. El es un lapacho viejo, su tronco negro, arrugado, cansado de lluvias y soles. Me mira. Sabe. Llora unas gotas de la llovizna de ayer. Sabe que yo, ni joven ni viejo, capaz que me vaya primero.


 

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